
¡Te lo contamos sin enredos! ⚡️
Una nueva práctica conocida como bluetoothing ha encendido alarmas en varios países. Se trata de un método en el que personas que se inyectan drogas se pasan sangre entre sí para “compartir” el efecto, algo que parece impensable, pero está ocurriendo en regiones con alto nivel de pobreza y poco acceso a servicios médicos, como Fiyi, Sudáfrica o Tanzania. El resultado ha sido devastador: un aumento acelerado de casos de VIH, especialmente entre jóvenes de 15 a 34 años.
El bluetoothing es incluso más peligroso que compartir agujas, ya que al pasar sangre directamente se transmiten virus como el VIH y la hepatitis. En Fiyi, los nuevos casos de VIH se multiplicaron por diez en la última década, y esta práctica fue uno de los detonantes. En Sudáfrica, cerca del 18% de las personas que se inyectan drogas reconocieron haberlo hecho al menos una vez, y en Pakistán se venden jeringas “usadas” con restos de sangre y droga como si fueran baratas.
Más allá del riesgo sanitario, el bluetoothing refleja un problema más profundo: la desigualdad y la desesperación que lleva a muchas personas a arriesgar su vida para drogarse. ☕️ No es una moda ni un mito, sino una señal de alerta global sobre la exclusión y la falta de atención en salud pública.
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